domingo, 14 de mayo de 2017

Swinger político entre Colombia y Venezuela.

 Por: Wilson Rodríguez

La inocultable y grave crisis económica, social, política y de gobernabilidad en la República Bolivariana de Venezuela requiere una solución basada en la unidad y mutua colaboración de nuestros pueblos. Yo, sin saber mucho de política, pero abierto a todas las alternativas pacíficas y de unidad, creo que la propuesta swinger puede ser una buena experiencia.

Los encuentros swinger son una revolucionaria práctica que se empezó a popularizar en la década de los 70s. Se trata básicamente de encuentros casuales o programados entre parejas (o grupos) para hacer intercambios de pareja y tener algún tipo de relación sexual (pueden ser desde simplemente observar a otra pareja teniendo relaciones hasta una relación sexual colectiva). Estas experiencias, si son de mutuo acuerdo (como debe ser) fortalecen (en la mayoría de los casos) las relaciones establecidas con la pareja permanente y estrechan los lazos de amistad entre los participantes. No se trata de tener relaciones paralelas o varias parejas, pues los intercambios son puntuales y definidos para un determinado espacio-tiempo. Lo que propongo es algo similar. Pequeños, francos, inocentes, enrriquecedores y satisfactorios intercambios puntuales entre nuestras diversas expresiones y personalidades políticas de Colombia y Venezuela.

Según parece, en Venezuela el problema es el presidente Maduro, pues la principal consigna de la oposición es que él debe salir de Miraflores, ¡pero ya! El tipo baila mientras el país está en crisis, hace cadenas aburridas e interminables de obligatoria transmisión por radio y televisión en las que no dice nada nuevo. En Cambio el presidente Santos habla muy poco y dice cosas muy puntuales en sus cadenas. Podríamos empezar el intercambio, por ejemplo con los jefes de Estado.

¿Qué tal si por una semana o dos intercambiamos presidentes? Que en Miraflores, en vez de un autobusero esté un Nobel de Paz y que en la Casa de Nariño en vez de un delfín esté (aunque sea por una vez) un hombre salido del pueblo

Empecemos imaginando qué haría el Nobel. Como parece ser la regla ahora, el Nobel de Paz se dedicaría a hacer la guerra para mantener la paz… así, Santos, desde Miraflores lanzaría su grito de guerra (¿o de paz?): “…no vamos a tolerar que los desmanes de unos desadaptados afecten la tranquilidad y mucho menos que queden impunes”, militarizaría Caracas con 50.000 (cincuenta mil) efectivos del ejército para repeler contundentemente las manifestaciones de la oposición, tal y como lo hizo el 30 de agosto de 2013 en el marco del Paro Nacional Agrario (el mismo que según él no existía).

Mandaría al ESMAD a controlar cualquier asomo de manifestación pública de masas en su contra y metería preso a cuanto terrorista se deje capturar en flagrancia; y para los que logren evadirse: allanamientos sin orden judicial, tal y como lo contempla el nuevo Código de Policía de Colombia. La policía estaría en libertad de repeler las protestas con armas letales y accionarlas sin previo aviso contra cualquier ciudadano, podría golpear periodistas que cubran las golpizas que le propinen a quien se deje agarrar. Obviamente los presos estarían sometidos a régimen penitenciario especial, hacinados, sin servicios de salud óptimos y sin comunicación con el exterior. O ¿Cuántos de los más de nueve mil quinientos (9.500) Presos Políticos y Prisioneros de Guerra que hay en Colombia están tan gordos y sanos como Leopoldo López, o se la pasan mandando mensajes por Tuiter?

Otra cosa que seguramente haría Santos sería atacar a sus enemigos en suelo extranjero. Así, infiltraría agentes de inteligencia y mandaría un ataque sobre seguro con bombardeos aéreos contra los campamentos de paramilitares que, desde Colombia, participan en el proceso de desestabilización de Venezuela. Esto lo haría, obviamente sin consulta, acuerdo o autorización del presidente del país hermano, tal como lo hizo cuando atacó tierra ecuatoriana para dar de baja a Raúl Reyes en 2008, (como buen Nobel de Paz, aunque cuando lo hizo era apenas Ministro de la Defensa y cumplía órdenes de su comandante en jefe Álvaro Uribe Vélez).

En materia económica, privatizaría todo lo que pueda durante su mandato (por eso los encuentros swinger tienen un espacio definido en el tiempo, para evitar abusos de confianza y otros inconvenientes). Empezaría por entregar la explotación del petróleo venezolano a las transnacionales. Impulsaría la utilización de las mejores tierras para la gran agroindustria (biocombustible) en vez de sembrar comida. Haría de la salud, la educación, las telecomunicaciones y demás servicios públicos un gran negocio donde se cobrarían tarifas impagables a todo el que quiera acceder a cualquier derecho en esta materia. Así, ya la gente no moriría por falta de medicinas, sino por falta de atención, tal y como ocurre en Colombia cuando dejan morir a los enfermos en la puerta de clínicas y hospitales si no están afiliados a una EPS o no tienen plata (porque eso es más humano y democrático). Aumentaría la edad y las semanas de cotización para pensionarse. Favorecería la producción a gran escala en cabeza de unos pocos para arruinar al pequeño productor y fortalecer el negocio de importación. En esto último no cambiarían las cosas fundamentalmente, pero es que los encuentros swinger tampoco son para hacer solamente cosas fuera de lo común y desconocidas en la relación estable.

Para finalizar Santos pactaría con la oposición un acuerdo político para terminar la confrontación, garantizar participación política en la vida nacional, liberar a los presos, hacer algunas reformas y simplemente no cumpliría, como hizo con los campesinos en 2013 y está haciendo ahora con las FARC-EP. 

Ahora imaginemos a Maduro en Bogotá. Lo primero que haría sería ponerse a manejar un Transmilenio, para recordar su época de autobusero y se pondría a bailar salsa en el Portal de Las Américas. Todo sería trasmitido por cadena nacional. Luego se inventaría cualquier pendejada, como por ejemplo una Gran Misión Vivienda Colombia porque le parecerían muy pocas las casas que entregó el ex vicepresidente Vargas Lleras (por cierto: ¿al fin cuántas serían?) y se impondría la meta de por lo menos un millón.  

Aumentaría el salario mínimo un 40%. Diría cosas de  dictador, como por ejemplo que la salud y la educación no pueden ser un negocio y que el Estado debería garantizar gratuitamente el acceso a estos derechos para todos los ciudadanos. Mandaría a dotar a todos los estudiantes, desde la primaria hasta la universidad de tabletas y computadoras portátiles las cuales llamaría Macarenas y Macarenítas. Mandaría a desalojar de Colombia a los militares gringos y la DEA. Entregaría créditos a los pequeños y medianos productores empezando por los campesinos de las ZRC. Hablaría de una tal Democracia Participativa y Protagónica (cosas de dictadores). Bajaría el precio de los combustibles y organizaría un plan de abastecimiento general de alimentos con un promedio de 20 productos a un precio menor de 10.000 pesos y lo peor: se entregarían directamente en las comunidades. Aunque es justo decir que la mayoría de estas aberrantes y antidemocráticas medidas fueron tomadas por el anterior dictador venezolano, Hugo Chávez, el actual las ha mantenido contra viento y marea.

Obviamente estas medidas y las otras que pudiera tomar generarían una tremenda crisis humanitaria en Colombia, pero esta sí sería visibilizada por todos los medios de comunicación (no como hoy en Colombia, donde asesinan en promedio 3 dirigentes sociales por semana, mueren niños de hambre y hay casi diez mil (10.000) presos por razones políticas pero nadie dice nada al respecto).

Frente a la crisis generada, el feroz dictador Maduro mandaría a la policía armada con chalecos antibalas, gases lacrimógenos y armas no letales para que repriman brutalmente a los pacíficos manifestantes que se resguardan detrás de fortificadas barricadas, armados con bombas molotov, revólveres, pistolas, escopetas y fusiles. En caso de capturas por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, les darían comida en las estaciones de policía y al otro día los dejaría ir, previo compromiso de no volverlo a hacer. Si llegasen a judicializar a algunos, los tratarían bajo las normas básicas del respeto a los derechos humanos. Llamaría a la oposición a una mesa de diálogo para buscar un acuerdo. Ojo, en el caso colombiano la oposición no está representada en el uribismo, como pretenden hacer creer los grandes medios de comunicación, sino en la izquierda, tanto la legal como la armada. Maduro buscaría incluso el apoyo del Papa si así se lo exigen sus detractores, con tal de llegar a una solución concertada a la crisis. Cedería ante la mayoría de sus demandas, sobre todo las económicas sin pedir a cambio mayor cosa: solo que dejen de bloquear calles, quemar cauchos, destruir instalaciones públicas, atacar hospitales y centros educativos… en fin, los exhortaría a dejar la violencia como expresión de la lucha política.

En caso de que le quede grande gobernar y negociar con la oposición, como le está pasando en Venezuela, seguro se le ocurriría salirse de la OEA, la cual, por cierto nació durante los sangrientos hechos del 9 de abril de 1948 en Bogotá. Convocaría una Asamblea Nacional Constituyente para que los ciudadanos y sus organizaciones políticas y gremiales discutan cómo dar solución a la crisis… cosas de dictadores.

Creo que en términos generales intercambiar presidentes sería muy provechoso y satisfactorio para nuestros países. En Venezuela se controlarían los desmanes y en Colombia el gobierno cedería un poco en beneficio de las grandes mayorías. Pero, como estas propuestas swinger pueden parecer un poco atrevidas para nuestras conservadoras sociedades, podríamos empezar con experiencias más moderadas, así como lo hacen las parejas más tímidas que empiezan con un baile pegadito, una caricia o un beso. Llevar las cosas poco a poco para ver cómo se siente e ir evaluando la experiencia. En el caso swinger-político, serían intercambios de pequeñas expresiones políticas. 

Yo, particularmente que he visto las protestas estudiantiles en ambos países y he visto también la actitud de las fuerzas del orden; debo confesar que la idea de ver cómo se comportarían ambos en un intercambio swinger me produce una curiosidad morbosa.
Intercambio de movimientos estudiantiles. 

Que el Movimiento Estudiantil Venezolano vaya a Colombia a protestar allá. Que destruyan las instalaciones físicas de las universidades del Estado a ver cómo les va con los estudiantes de estratos 1, 2 y 3 que con tanto esfuerzo van a colegios y universidades públicas con la ilusión de ser profesionales algún día. Que se mantengan en la calle hasta que caiga el rrrrrégimen de Santos y que se enfrenten al ESMAD. Que lo hagan con la perseverancia y la fuerza que tienen en Venezuela y que le enseñen a esos mediocres estudiantes colombianos para qué es que debe existir un Movimiento Estudiantil: derrocar gobiernos en vez de dedicarse a luchar por educación gratuita y de calidad para todos. Que CNN, RCN, NTN24 y Caracol denuncien (ahí sí con mayor razón) la brutal represión contra la protesta estudiantil.

Que el Movimiento Estudiantil Colombiano vaya a Venezuela. Para ver que los futuros profesionales, en vez de destruir bibliotecas con volúmenes incunables lean historia. Que reclamen mayor calidad en la educación que ya es gratuita y universal en vez de pedir que se cierren las misiones educativas que brindan a los más pobres la oportunidad de graduarse. Que generen desde las universidades ciencia para el desarrollo de la producción sustentable en vez de salir a quemar carros. Que cuenten con el patrocinio político, logístico y financiero nacional e internacional que tienen los estudiantes venezolanos para el desarrollo de su activismo político. 

Intercambio de fuerza pública.

Que el ESMAD vaya a Venezuela. Que esos valientes hombres y mujeres, quienes lucen unas imponentes armaduras sin mayor identificación, que han recibido entrenamiento especializado antidisturbios al punto de ser maestros en golpear niños de 15 años hasta matarlos a punta de físico garrote salgan a controlar las manifestaciones en Venezuela. Que lleguen, en nombre del orden público disparando, no solamente gases lacrimógenos y perdigones, sino balas con armas de fuego. Que allanen universidades y reduzcan por la fuerza las manifestaciones de inconformidad. Que despejen las vías y que así, muy legal y democráticamente reestablezcan la necesaria calma y el derecho a la movilidad de la mayoría de cuidadanos.

Que la PNB y la GNB vayan a reprimir las manifestaciones en Colombia. Que lleguen sin armas letales y sin mayor entrenamiento antidisturbios (porque en Venezuela, desde que el chavismo asumió el poder, no se había visto la represión contra las manifestaciones, salvo el 12 y 13 de abril de 2002 cuando Carmona Estanga dio golpe de estado a Chávez). Que mantengan una prudente y pasiva distancia mientras la gente bloquea las vías y visibiliza sus demandas (porque para eso son los bloqueos, no para atracar a los transeúntes). Que si la protesta se torna violenta, sigan manteniendo la distancia e intenten dispersar la manifestación con gases lacrimógenos y luego se retiren.

Intercambio de burguesía.

Que vaya la burguesía colombiana a Venezuela para que creen industria. No importaría que al igual que la venezolana explotaran a los trabajadores, porque al fin y al cabo eso hace la burguesía, pero que en vez de desangrar a la nación llevándose los dólares, que apalanquen la producción un poco, atiendan parte de la demanda nacional y exporten el resto, o todo si quieren, así aportarían con divisas al PIB.

Que vaya la burguesía venezolana a Colombia a ver si allá el Estado les va a dar divisas a precio preferencial para que importen lo que deberían producir. (Acá es importante aclarar algo: la burguesía no produce nada, ni en Colombia ni en Venezuela ni en ningún país del mundo. Quienes producen son los obreros).

Intercambio de oposición política, aclarando que en Colombia la oposición no es el uribismo sino la izquierda, tanto la legal como la alzada en armas.

Que vaya la oposición venezolana a hacer oposición en Colombia. Que llamen a derrocar el gobierno constitucional, que promuevan paros y golpes de estado. Que desconozcan los resultados de las elecciones que pierdan y griten fraude. Que intenten acercarse a una tanqueta a ver si allá los dejan voltearla y meterle candela. Que sus alcaldes y gobernadores encabecen los bloqueos de vías. Que griten dictadura a los cuatro vientos para ver cómo les va y cuánto tiempo les dura la fiesta. Que tengan que enfrentar a los grupos paramilitares que en complicidad con los organismos de seguridad del Estado asesinan y desaparecen a civiles opositores al régimen. Seguro que en menos de un mes, los que logren escapar de la muerte serán puestos tras las rejas.

Que vaya la oposición colombiana a hacer oposición en Venezuela. Que se les permita organizarse y reunirse tranquilamente en cualquier lugar del territorio nacional para dar a conocer y proyectar sus propuestas políticas. Que todos los medios de comunicación nacionales e internacionales hagan eco a sus ideas y sus denuncias. Que se puedan movilizar tranquilamente a cualquier lugar sin temor a ser asesinados. Que se les garantice el derecho a opinar diferente y eso no sea sinónimo de condena a muerte. 

Y ya entrados en gastos, sería bueno también aplicar otras prácticas de las artes amatorias en la política de nuestros países. Por ejemplo el exhibicionismo y el voyerismo como expresiones de satisfacción por medio de otros sentidos. A mí, por ejemplo me gustaría ver qué hace la oposición armada venezolana si actuara en Colombia, aclarando que en Colombia la oposición armada no son los paramilitares sino las guerrillas, y que en Venezuela ya se empieza a configurar una oposición armada que antes, (desde Chávez hasta hace muy poco) no existía.

Me gustaría ver a la oposición armada venezolana en Colombia decretando paros armados (como el que están adelantando de hecho en Táchira y Mérida); disparando contra los efectivos policiales y militares escudándose tras las manifestaciones civiles; intimidando, robando y asesinando a los ciudadanos que quedan atrapados tras las barricadas que instalan; almacenando material explosivo, armas y municiones en sus casas, pero que asuman las consecuencias de sus actos en vez de salir a llorar ante la comunidad internacional con el cuento de que son perseguidos políticos y se asuman como alzados en armas. Seguro que al enfrentar un ejército armado hasta los dientes, entrenado y fogueado en combate, inmisericorde, experto en guerra irregular, torturas y desapariciones se les acabarían rapidito los bríos que muestran en Venezuela.

Me gustaría ver a la oposición armada colombiana reclamando todos los días por la libertad de sus prisioneros de guerra y los demás presos políticos, empezando por Simón Trinidad. Ver a sus comandantes convocando y encabezando marchas con la consigna de derrocar al régimen.

Sería bueno que el señor Almagro también espíe morbosamente la intimidad de otros gobiernos… que se orgasme exhibiendo las fosas comunes, con la tortura, asesinato y desaparición de luchadores populares, estudiantes y periodistas en México o Colombia. Que en la apacible soledad de su interior se sienta un ser omnipresente al que ningún detalle se le escapa, por ejemplo, frente a los crímenes perpetrados contra el pueblo Mapuche en Chile y Argentina; el Golpe de Estado en Brasil y los retrocesos en materia de libertades democráticas y sociales en ese país; los masivos despidos en Argentina, donde además el demócrata Macri sacó del aire a TeleSur antes de que el dictador Maduro hiciera lo mismo con CNN.

Tal vez las nuestras sociedades no están preparadas para tan poco convencionales prácticas sexuales, y seguramente mi propuesta no tendrá eco, mucho menos aplicada a la política. Entonces, para gentes y políticos más recatados y conservadores, propongo que por lo menos recompongamos nuestras relaciones dentro de los parámetros establecidos en la democracia liberal que se supone rige nuestras naciones. Respetémonos, dialoguemos, lleguemos a consensos y acuerdos teniendo como  objetivo central y común la Paz, el progreso y la felicidad. No utilicemos la violencia para imponer nuestra voluntad sobre los argumentos del otro (o la otra, como casi siempre ocurre entre las parejas). En últimas, con swinger o monogamia, tanto en parejas como en política es pertinente recordar a John Lennon: “All you need is love”.

2 comentarios:

  1. Ilustre Oscar Javier Forero. Me permiti soñar mientras leía tu genial idea de monogamia en política. Voy a publicar este sueño con la esperanza que muchos lo interpreten y reflexionen para su bien. Que Dios nos bendiga masificado tus ideas.

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  2. Ilustre Oscar Forero. Me permití soñar mientras leía. Puedo publicarlo con la esperanza que muchos venezolanos lo interpreten y cambien su errado camino? Qué Dios nos siga bendiciendo con tus geniales ideas, alivian bastante en medio de esta guerra

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